Jamaica cuenta con algunas de las casa de plantaciones más grandes de todo el Caribe. Rose Hall es probablemente la más grande de todas ellas. Tiene además otra singularidad es una casa calendario: 365 ventanas representando los día del año, 52 puertas, por cada semana del año, y 12 habitaciones correspondiendo cada una a un mes de año.

Al entrar, parece que el tiempo se detiene, te siente invadido por la historia del siglo XVIII. Es una sensación muy extraña.

Gran parte de la fama de Rose Hall se debe a una leyenda, La Bruja Blanca. Como soy amante del misterio le pregunté al guía que nos cuente la historia de la casa con peor reputación, la más embrujada y la más misteriosa no solo de Jamaica sino de todo el Caribe.

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Como toda buena historia de terror, nos tenemos que remontar al siglo XVIII y situarnos en el ambiente propicio para estos sucesos. Jamaica estaba poblada por esclavos traídos de África quienes trabajaran en las vastas plantaciones de azúcar. La citada mansión de Rose Hall fue un homenaje que hizo el adinerado inglés George Ash cuando se casó con su prometida Rose. Construyó la casa donde vivieron juntos y dos años después él se muere dejando a Rose viuda, aunque no por mucho tiempo. Al poco se volvió a casar y no una ni dos, sino hasta tres veces más. El último marido se llamaba John Palmer, quien reformó y amplió la mansión entre 1770 y 1780 convirtiéndola en casa calendario.

Rose murió, a los 72 años, y el que se quedó viudo fue John, que había adoptado a un sobrino nieto llamado también John Palmer, que luego heredaría la propiedad. Y con él se puede decir que empieza la nueva etapa de Rose Hall y la truculenta historia de sangre y horror, sobre todo cuando decide casarse con una joven inglesa muy hermosa, recién llegada de Haití, llamada Annie Mae Patterson, la Bruja Blanca de Rose Hall.

Annie Palmer, tenía un lado oscuro, su infancia no había sido agradable y  la tortura y en la sangre era su terapia. Nacida en Inglaterra, se trasladó con sus padres a Haití y allí vivió hasta que ellos murieron de fiebre amarilla cuando tenía 11 años. Su cuidadora, una sacerdotisa vudú, una Mambo, la adoptó y la educó hasta que fue mayor de edad. Le enseñó la magia negra, entre otros conocimientos y habilidades más macabras. En 1820 John Palmer se prendó de su belleza y se la llevo a su plantación de azúcar que tenía unos 2.000 esclavos a su servicio.

Annie no tardó mucho en adaptarse a esa vida de lujo y disfrutaba con el sufrimiento de sus esclavos. Incluso los usaba como amantes y se hartaba de él, el pobre hombre era liquidado sin contemplaciones y se enterraba en una tumba sin marcar. Cada mañana, Annie comenzaba su día asomándose al balcón y dictaba las órdenes del día a los esclavos que se reunían en este patio trasero de la casa. Sus ordenanzas incluían castigos e incluso ejecuciones. Pronto se cansó de su marido y lo hizo desaparecer. Lo envenenó y murió en la llamada “habitación de los caballeros”, que luego clausuró para que nadie supiera lo ocurrido y dijo que había contraído la fiebre amarilla. Se casó con otro hombre al que apuñaló y echo aceite caliente en su oído en la habitación llamada Toile.

La maldad de Annie no distinguía ni tenía límites, y utilizaba su poder de forma cruel y sangrienta, llegando a matar niños si era preciso para emplear sus huesos en ceremonias demoníacas. Cuando se trataba de aplicar el mal, no existía ningún sacerdote vudú que igualase las energías mágicas de Annie.

La revolución contra la esclavitud de 1831 también llego a Rose Hall. Finalmente la cólera fue más fuerte que el temor, y un grupo de insurgentes entro en la finca y liquidaron a la que ellos llamaban “La Bruja Blanca”. La desfiguraron y lanzaron su cuerpo por la ventana.

Enterraron a Annie en una tumba sin identificar y marcaron con tres cruces en tres de los lados de su tumba para encerrar el poder de la bruja blanca, dejando un lado libre sin cercar para que el espíritu de Annie pudiese salir y deambular cuando así lo desease.

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Aunque nunca sepamos a ciencia cierta quién fue Annie o si existió de verdad,  este personaje ha trascendido al tiempo y actualmente se considera una leyenda más de Jamaica. En 1931 el periodista Herbert George de Lisser publicó una novela sobre la historia con el nombre de “La Bruja Blanca de Rose Hall“.

La verdad es que la casa nos encantó, es hermosa y la mística sobrenatural del lugar le agrega valor de emoción para que no sea una simple recorrida histórica. Es un poco escalofriante al meterte en la historia pero mi consejo es que merece la pena ir de día para poder admirar la casa, los jardines y dejar los fantasmas en paz.

Nosotros organizamos todo desde nuestro Hotel: Gran Palladium Jamaica Resort & Spa y como siempre ha merecido la pena dejarnos llevar por su gran equipo.

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